MUGAK: Centro de Estudios y Documentación sobre racismo y xenofobia de SOS Racismo/SOS Arrazakeria Mapa
 
 

41-40 nº41-40 (2007-12-31)
Dos realidades distintas
Holgado, Isabel

Isabel Holgado Fernández es Antropóloga. Miembro de L.I.C.I.T. (Línea de Investigación y Cooperación con las Inmigrantes Trabajadoras Sexuales).

Empecemos por recordar que LICIT trabaja por los derechos básicos, fundamentales de las personas que están insertadas en la industria del sexo. Es una organización que surge en el año 2000 a través de la iniciativa de Dolores Juliano. Empezó convocando a personas, incluidas extrabajadoras del sexo, con la intención de intentar comprender el nuevo panorama de esta industria del sexo a raíz de la llegada de las mujeres migrantes y de los transgéneros migrantes. Empezamos a salir a la calle y a comprender cómo este colectivo de mujeres es el colectivo más maltratado y más discriminado socialmente. Allí empezamos a desarrollar toda la parte de trabajo político de denuncia, sensibilización y de empoderamiento político. Teníamos claras varias cosas, en primer lugar, que era un trabajo desde el reconocimiento. Es decir, nos apartábamos, o tratábamos por lo menos de apartarnos, de las valoraciones; no era fácil por toda esta mochila de prejuicios que acumulamos y que además, pese a no querer, usamos permanentemente. Teníamos muy claro que las reconocíamos como mujeres autónomas, sujetos de sus propias vidas y que esto era un aprendizaje mutuo que íbamos a construir conjuntamente. También teníamos muy claro que teníamos que ejercitarnos en la pedagogía del desprejuicio, porque, probablemente, de las mujeres en prostitución sea de quien más se habla, precisamente porque no se reconocen como sujetos, son objeto de discurso constantemente. Como sujetos del discurso, sólo ahora estamos empezando a escucharles pero no es algo normalizado aún. También nos dimos cuenta que la mayoría de aproximaciones desde la ciencia, desde la academia, estaban fuertemente mediatizadas por la visión subjetiva que cada una y cada uno de nosotros pudiéramos tener con respecto al sexo comercial, a la sexualidad de la mujer. Evidentemente, la prostitución o el sexo de pago, ha cambiado brutalmente en los últimos 15 años. La mercantilización de los servicios personales es lo que hace el efecto llamada para una gran cantidad de inmigrantes. Cómo el mercado mercantiliza los servicios que antes las mujeres hacíamos en el ámbito privado y no remuneradamente. Ahora se puede pagar compañía para el cuidado personal, de los hijos, de los mayores, para que las mujeres que antes hacían estos trabajos, ahora puedan salir a trabajar fuera. Entonces, lo que antes podíamos considerar el esquema clásico: “prostituta-cliente”, mujer, burdel o barrio rojo, eso ha cambiado, hoy día se puede comprar o experimentar el sexo de pago en múltiples espacios y de múltiples maneras a través de las nuevas tecnologías. Si algo ha cambiado es el perfil, porque tradicionalmente nuestro imaginario, ese imaginario construido y aprendido inconscientemente, identificaba a la mujer prostituta con el antimodelo de mujer. Por esto, las mujeres decentes siempre hemos temido a que nos llamaran prostituta, puta o similares porque socialmente la prostituta es una mujer que no tiene un lugar social. Algunos estudios afirman que como la puta no tiene un lugar social, el hijo de la puta tampoco, esto quiere decir que no tiene un nombre, un padre reconocido. Por esto, ése ha sido el mayor insulto que se pueda hacer a un hombre. Pero, además nos encontramos hoy con que ya no hay sólo mujeres ejerciendo esta actividad, hay transgéneros. Y aun cuando el colectivo hombres sigue siendo el que principalmente demanda estos servicios, hoy va creciendo otro mercado que va cogiendo fuerza, mujeres que compran sexo, sobre todo en el estado español. En el caso de las mujeres que se prostituyen, evidentemente nos encontramos con lo más variado, diverso y plural que nos podamos imaginar en cuanto a su formación, situaciones de partida, nivel económico, a nivel de responsabilidades familiares, de recursos personales, de obligaciones, etc., etc. Y con todo esto, se constituye la industria del sexo a escala global, hasta llegar a unas situaciones absolutamente formidables. Paralelamente, sumando contingentes antes destinados a otros ámbitos laborales, sobre todo a partir de las restricciones migratorias, estamos creando una gran industria de las migraciones, la clandestina, delictiva, alternativa, llamada así desde las propias voces de personas que recurren a esas mismas redes para sacar adelante su propio proyecto migratorio. Las mujeres han migrado siempre, aun cuando el hombre ha sido considerado tradicionalmente como el agente activo en las migraciones y las mujeres sólo entes pasivos que se reunifican con él. Pero eso no ha sido así nunca, y para lo que nos ocupa hoy, lo que está claro es que hay un protagonismo sin duda de las mujeres en los flujos migratorios a escala planetaria y una de las razones evidentemente es la cuestión económica. Sabemos que esta globalización está agudizando las desigualdades de una manera exponencial, generando grandes problemas económicos pero también abriendo brechas: la mundialización de los mercados, la internacionalización del trabajo, la popularización de los medios de transporte, la posibilidad de migrar para tratar de buscar un mundo mejor. Las mujeres inmigrantes en condición legal en el estado español, son el 45-46%. Las mujeres en general tienen mayores dificultades para legalizar su situación, están muy presentes en el colectivo de personas en situación ilegal. Ellas migran por tema económico y además por el sistema sexo-género. Las mujeres no sólo son más pobres, no hay que profundizar en eso porque es una cuestión evidente y muy estudiada, sino que son las principales responsables de su familia a la hora del cuidado. Las mujeres están entrando en todos los circuitos transformistas de la nueva economía, están, por ejemplo, en las maquilas, en las nuevas fábricas que se crean en esas zonas francas del sur y que permiten a las corporaciones extranjeras asentarse con la mayor parte de la mano de obra migrante, se insertan también de muchas formas, no sólo a través de los servicios personales de la reproducción de la vida, pero está claro que los nichos de mayor demanda están relacionados con los servicios sexuales y personales en general. Las mujeres inmigrantes llegan a Europa y asumen aquellos trabajos que las mujeres de acá ya no quieren porque eran trabajos que se hacían antes sin remuneración, siempre trabajos desprestigiados, desregularizados, trabajos de mujeres. En el contexto europeo, España e Italia son afortunadas por tener contingente para el trabajo doméstico, porque en el resto de países no es así. Infortunadamente, estas mujeres tienen muchísimas más dificultades para consolidar una situación legal. ¿Qué ocurre? Que, sobre todo quienes vienen de Latinoamérica, se ven forzadas a optar por las redes de esta industria alternativa de las migraciones que se está consolidando hoy en día. El paquete turístico costaba cinco mil dólares e incluía el boleto, el dinero que tienen que presentar en la aduana y poco más. Al cabo de tres meses ya eran 25 mil dólares, es decir, el 500%. Esto les hace llevar más presión y condiciona más sus expectativas y sus estrategias. Llegan, generalmente, con una importante deuda por pagar y además con la urgencia de tener que mandar dinero porque muchas veces son capitanas de hogares. Recordemos que en Latinoamérica hay países en donde la jefatura de la familia femenina es el 60 ó 70%, y esto añadido a todas las restricciones que se acrecientan para lograr documentación, etc., etc. La precariedad legal es un tema que las flagela, a todo el mundo evidentemente, pero en el caso de las mujeres, sobre todo a las que están insertadas en la industria del sexo, porque no pueden reunir documentación, porque esa actividad no está considerada como un trabajo. A partir de tal situación, estas mujeres intentan poner en marcha estrategias para tratar de solventarla. Casarse, comprar un matrimonio, se convierte entonces en su objetivo número uno. Pero, había antes gente solidaria que se casaba, ahora es prácticamente imposible encontrar gente que se case sin pedir tres mil, cuatro, cinco, seis mil €. El mercado laboral no tiene en cuenta sus capacidades y habilidades, las quieren principalmente para aquellos nichos laborales que nosotras ya no queremos y que son absolutamente indispensables para que una sociedad funcione, y que son todos los trabajos de cuidados de la vida. De hecho, yo creo que las mujeres migrantes se están convirtiendo en las reales protagonistas de las políticas de conciliación en Europa. Sin el rol decisivo de las mujeres migrantes atendiendo a los niños, a las personas mayores, a nuestros enfermos, el trabajo doméstico, el trabajo sexual englobado en lo que se puede llamar servicios de complementación doméstica, entiendo que son protagonistas sin duda de estas políticas, pese a que, evidentemente, desde el discurso dominante eso no se ve. Básicamente, donde ellas más se insertan es en el trabajo doméstico y en la industria del sexo. Sabemos que una asignatura pendiente en este país, es el considerar el trabajo doméstico como trabajo de verdad. Ustedes saben que actualmente está regulado para restringir los derechos, porque las personas que trabajan en el servicio doméstico no tienen las mismas oportunidades que tienen los demás trabajadores. Veinte años después de la institucionalización del feminismo, sigue siendo una asignatura pendiente, quizás porque lo hacen especialmente mujeres pobres, el sesgo de clase aquí es preponderante. Evidentemente hay un sector que, por la propia condición, por la propia naturaleza de la relación laboral, permite o facilita situaciones de servidumbre o de coacción y de explotación. En Barcelona nuestro espacio está abierto a todo tipo de mujeres y ustedes saben que en ellas la temporalidad está a la orden del día, van haciendo un poquito de acá, un poquito de allá. Lo que te asegura los papeles es el servicio doméstico, pero también necesitan unas horas de trabajo sexual como estrategia laboral para alcanzar el objetivo económico que tienen que lograr. Muchas de ellas relatan situaciones de vasallaje y de servidumbre brutales en el servicio doméstico, porque el poder total lo tiene el empleador o empleadora que inscribe en el gobierno los papeles de esa persona. Ésta es una manga ancha porque como la burocracia va lenta, la situación legal de esa persona depende por mucho tiempo del empleador específicamente. Hay casos de mujeres que narran que, además de no poder disponer de tiempo libre, deben someterse a prácticas como, por ejemplo, que les pesen la comida. Esto es muy importante porque pareciera, según el discurso del poder abolicionista, que lo peor son las condiciones del trabajo sexual y no podemos negar que tales situaciones no se den, sino que también en todos los ámbitos de trabajo hay explotación y, precisamente, en el servicio doméstico que parece que está oculto porque está dentro de los hogares y por tanto no está dentro del discurso pero se sabe que, cada día más, la explotación, los abusos, son un hecho real. Evidentemente, algunas mujeres migrantes vienen a Europa sabiendo que vienen a trabajar en la industria del sexo. Cadenas de información funcionan estupendamente y saben muy bien cómo está la situación. Muchas mujeres recurren a la migración para salir de contextos de violencia familiar o comunitaria absolutamente asfixiantes. Tenemos el caso de una muchacha boliviana que salio de su país y luego se dio cuenta que si trabajaba en el servicio doméstico se iba a demorar como 10 u 11 años para poder juntar la plata para poder hacer trámites y traer a sus cuatro hijos, pero trabajando en la prostitución en tres años pudo hacerlo. Ella cuenta cómo conoció en el club amistades entre los hombres, y cómo esa posibilidad de utilizar su facultad sexual en este país le permitió cumplir su objetivo prioritario de traer a sus hijos para instalarse aquí con ellos. Otro aspecto importante, con toda esta distorsión que hacen los medios de comunicación, y que parecería tan claro, es diferenciar entre las personas que trabajan en la industria del sexo que lo eligen como una opción económico laboral o personal, porque muchas lo tienen como una estrategia de género que les sirve para enfrentar su situación y para llevar a cabo sus planes y tienen opciones y experiencias agradables. Otros son los casos de las mujeres que han sido violentadas, obligadas y vejadas en esta misma industria. En todo caso, nos enfrentamos a dos realidades distintas que requieren tratamientos distintos. Es como si dijéramos que hay que abolir el matrimonio porque hay mucha gente que en la relación de pareja vive un infierno. Es como asociar a la gente que está felizmente casada con las que en ese mismo contexto matrimonial o familiar no lo viven así. Por tanto, hay dos normativas o dos intervenciones públicas distintas. ¿Qué tienen en común? Primero, que son tremendas luchadoras, las mujeres migrantes no se viven como víctimas, su proceso tiene que ver con el hecho de dejar su mundo real y enfrentarse al reto del desafío de llegar a un nuevo país, especialmente si no habla el mismo idioma. Enfrentarse a un medio donde se sabe que, por no ser comunitaria, no va a ser bien recibida, genera una serie de disposiciones personales que afectan. Es un proceso de empoderamiento tal, y de hecho una de las frases recurrentes de las mujeres migrantes es “me di cuenta que yo podía”, porque es un desafío enfrentarse a toda suerte de riesgos. Pero en las imágenes estereotipadas que niegan sus discursos se ve muy claro ese afán de los diferentes poderes de atacarlas y mezclar discursos. Interesa siempre mezclar el “forzadas, traficadas, explotadas”,.... son ésas las que interesan porque, de alguna manera, colaboran a esta trama discursiva pedagógica, machacona de seguir viéndolas como mujeres miserables, como mujeres víctimas, siempre necesitadas de un falso paternalismo y que tienen que dejarse ayudar a rescatar. Evidentemente, somos chivos expiatorios para las más diferentes experiencias y evidentemente las políticas de los últimos años represivas y de control migratorio que quieren salvar a las mujeres en prostitución en toda Europa, alcanza niveles estremecedores. La ordenanza municipal en Barcelona, que argumenta salvarlas de la explotación sexual y sin embargo a quien machacan y persiguen es a estas mujeres. Ahora se ha inaugurado penalizar también a los hombres, que hasta ahora estaban ausentes del discurso, pero en esa dicotomía de buenos y malos, de víctimas y culpables, vemos dos caras de la misma moneda que intentan justificar un estilo de intervención. Porque eso es lo que se hace en el discurso, las víctimas sólo están en el discurso, en la retórica discursiva, pero en la práctica, las políticas de protección para esas mujeres víctimas (hay un montón de normativas: está la convención de Palermo, convención de Ginebra, código penal, la propia ley de extranjería en su artículo 59), todo es una gran opereta que demuestra que están utilizando el estigma de la puta y que eso socialmente queda bien porque están salvando a las mujeres de las garras de los prostituidores. Queda bien para justificar, maquillar y disfrazar una política antimigración. A por ellos, a por la migración clandestina, el lazo fácil para perseguir a la mujer inmigrante. No hay nada nuevo bajo el sol, esto ya se hacía desde finales del siglo diecinueve, cuando se instó los fundamentos que luego dieron pie a la convención de Naciones Unidas del 49 sobre el abolicionismo. Hace poco, un libro francés ilustra cómo se hicieron encuestas y se manipuló a las gentes desde una moralidad decimonónica que hoy, en este siglo XXI, en la postmodernidad y con todo este circularismo, sigue estando vigente contradictoriamente con la moralidad democrática que debe defender derechos. Yo entiendo que la discusión puede venir después. Lo primero es tratar de que ningún colectivo, incluido el de la prostitución, vea menoscabado sus derechos por realizar una actividad que al final de la jornada podría ser una alternativa a la delincuencia. De hecho, muchas veces algunas de ellas nos dicen “no se dan cuenta que si nos reprimen nos van a obligar a robar”. Es decir, que tienen necesidades y deben resolverlas de alguna manera y si se les priva de esta opción les ponen en una coyuntura más difícil. Pero la información que nos entregan sobre este tema es para desviar la atención, por poner un ejemplo, en marzo del año pasado, un estudio de la mujer avalado por UGT decía que el 95% de las mujeres migrantes en prostitución estaban siendo traficadas. Entonces, si realmente fuera así, estamos hablando de 400.000 ó 420.000 mujeres, es decir, ¿que en el estado español esto ocurre? y ¿por qué el gobierno permite esta situación?, ¿medio millón de mujeres en Europa machacadas, violentadas, forzadas? ¿Y qué hacen que no se ponen las pilas para salvarlas? O pregúntense por ejemplo qué pasa con las mujeres después de las redadas, esas redadas estupendas que difunden en los medios de comunicación, ¿alguien se pregunta qué pasa después con esas mujeres? ¿Se activa el protocolo de Palermo? ¿Se activa el código 59? ¿Se les ofrece indemnización, apoyo económico, psicológico, etc.? Por el contrario, en muchas ocasiones incluso les roban sus pertenencias. Nosotros tenemos documentados casos de muchachas que han sido expatriadas, yo quiero decir deportadas, pero como aquí se maquilla el lenguaje. Esto no se menciona, pero ocurre. Una muchacha musulmana que regresó con el poco dinero que le pudimos dejar y evidentemente tenía toda la documentación, pero se le aplicó la ley antidroga y la mataron. Claro, eso no sale en los medios de comunicación, ¿y por qué es víctima? ¿Porque gana dinero con su sexo? ¿Porque el Estado la victimiza para criminalizarla y poder hacer sus políticas anti-migratorias, xenófobas, racistas, de control de mujeres que nunca han sido vistas como triunfadoras con un rol determinante en sus familias y para las políticas macroeconómicas tanto del sur como del norte? El movimiento político de reivindicación de la prostitución surge en los setenta con las francesas y estadounidenses a la cabeza. Las primeras demandas eran: “por favor, basta ya de maltrato social, basta ya de acoso policial, basta ya de violencia institucional. Treinta años después, la situación ha cambiado tanto que se empieza a hablar no sólo de respeto a derechos civiles y humanos sino de derechos laborales. Todas las entidades que aprueban el movimiento planetario pro-defensa de los derechos tienen claro que la lucha está en la no violencia hacia ellas. Pero el colectivo inmigrante, que tiene el derecho de ciudadanía restringido solamente a través del vínculo laboral, con la dimensión que adquiere la industria del sexo, empieza a hablar de la posibilidad de que esas mujeres puedan arreglar su situación a partir de un contrato de trabajo pero, sobre todo, la posibilidad de que puedan negociar las condiciones de trabajo, que es uno de los problemas más importante especialmente en los espacios cerrados de los clubes donde los dueños imponen las condiciones. Allí no hay posibilidad de negociar o de articular otro discurso y reivindicar los derechos. Y para acabar, lo que podría distinguir al movimiento pro-derechos del movimiento abolicionista es que este último parte del supuesto ideológico de que toda prostitución, sea pactada o no, sea definida o no, sea voluntaria o no, es un acto de violencia y a partir de ahí el planteamiento político y las estrategias de intervención hace que se vea a estas mujeres como víctimas que no son capaces de distanciarse y ver realmente qué rol ocupa su trabajo y su posición en la estructura del mercado. Dicen que son mujeres maltratadas y que no pueden generar por sí mismas estrategias autónomas y, en cambio, necesitan asistencia y ayuda. Nosotras, por el contrario, consideramos que son mujeres como cualquier otra y que lo único que las distingue es que se insertan en un espacio laboral fuertemente estigmatizado, marcado por ese bagaje de tópicos y prejuicios que están mal ligados a los resabios que nos quedan de esa moralidad judeo-cristiana que concibe la sexualidad femenina como algo dual “amor y reproducción”. Hay una mujer feminista, Muñoz, que plantea que pareciera que el problema sea ganar dinero porque si una mujer tiene muchas prácticas sexuales a la semana y lo hace sin cobrar, eso es libertad, pero si lo hace cobrando, es explotación. Es curioso, cuando abordamos el tema de la prostitución con herramientas de interpretación que no cuestionamos en otros ámbitos, aquí de pronto se les da la vuelta de esa manera. De lo que se trata es de liberar esta idea de que no porque una persona se dedica a la prostitución es una persona que no sea poderosa y que tenga capacidad de incidir en su vida. La sumisión y las relaciones de servidumbre se pueden dar en cualquier ámbito. Otra cosa importante es ver cómo el sistema de género no es el único eje que nos atraviesa a las personas, quiero decir, las personas estamos configuradas a partir de muchas relaciones de poder, la relación con el imperialismo, con nuestra historia personal, por nuestros recursos personales, el lugar donde nace, la familia, etc., etc. Todo esto configura la vida de las mujeres y muchas mujeres para enfrentar sistemas de opresión que no tiene que ver con el género, utilizan su facultad sexual insertándose en la industria del sexo global. Hay un ejemplo elocuente de una muchacha ecuatoriana que trabaja cuando la dejan porque el acoso policial le persigue. Una vez, un periodista le pregunta si disfruta y si tiene orgasmos cuando tiene relaciones con los clientes. La chica se le queda mirando y le responde: ¿sabes cuál es el orgasmo de mi vida? Cuando voy a Wester Union y mando 600€ para mi familia. Hay gente que dice eso y, cuando menos, esto tendría que cuestionar nuestros aprioris. ¿Qué le está diciendo con esta respuesta? Bueno, muy bien, cuéntame lo que quieras de la violencia en la prostitución pero yo tengo muy claro que esto aquí me está permitiendo ganarme la vida, me está permitiendo empoderarme, iniciar y fortalecer un proceso de crecimiento personal y familiar, porque me echaron del trabajo, porque en mi país no hay horizontes económicos, por todos esos ejes que nos configuran y que determinan la vivencia de todo esto. Además está el tema de la violencia del cuerpo, sin entrar en el sexo de pago, la vivencia de la sexualidad y lo que parece permisivo o no, es una vivencia muy personal. Lo que puede ser doloroso a ojos de unos, a ojos de otros no. Esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de evaluar. Cómo se dimensiona que se acuestan con 15 hombres, pero es que estos 15 hombres dejan 30 €, 15 por 30, multiplica. Y con el que me acostaba antes era obligada. Uno solo y ése, encima, me pobreteaba. No se trata de hacer apología de esto, se trata de ver las cosas en su totalidad y sobre todo, poniendo en el epicentro las voces y las experiencias de esas mujeres. Yo creo que lo que está claro es que tiene que haber un derecho indiscutible a denunciar la falta de recursos y las mujeres que son forzadas, pero también hay que defender el derecho a estar. Si una mujer, un hombre, cualquier persona, un transgénero, quiere ganarse la vida usando sus facultades sexuales, quién es nadie de ningún Estado para castigarle porque realice esto. Yo creo un poco que la diatriba estaría en esto. Lo ocurrido recientemente en Barcelona es muy elocuente, porque desde el colectivo LICIT, creímos el cuento de que realmente se estaba en un debate democrático y que se iba por primera vez a denunciar las condiciones de trabajo y la situación de estas mujeres y se lo transmitimos así mismo a ellas. Hicimos una jornada histórica preciosa, donde estuvieron más de 50 mujeres trabajadoras del sexo, un escenario precioso, imaginaros el poder que sentían porque les iban a escuchar, pero aquello era pura poesía realmente. El caso es que el Ayuntamiento nos estuvo eternizando en esto, pero la política represiva cada día iba en aumento y el tema de extranjería era la excusa perfecta. Ya no era por escándalo público sino por estar en situación irregular, ya no importaba que fuese prostituta, es que está en situación irregular, entonces, Guardia Urbana y Policía Nacional ahí se daban la mano en términos de represión. Nosotras pedíamos que se paralizara la represión para poder negociar, hablamos con los vecinos para poder negociar una calle, un espacio donde poder realizar nuestro trabajo, en fin, nos mantuvieron con cantidad de trabajo gratuito y asesorías, y al final, un día regresamos de vacaciones y nos encontramos con la noticia de la ordenanza que no reconoce derechos para nada ni reconoce la principal reivindicación que era pactar un espacio en la ciudad donde se pudiese trabajar, y entonces, con una política de esconder la pobreza, se han inventado esta ordenanza que no solamente atenta contra las prostitutas sino contra todos aquellos grupos sociales que llaman “indeseables”. Los llaman la mendicidad agresiva, etc., etc. Colectivos identificados como necesitados de ayuda pero, en lugar de medidas de asistencia, se hacen medidas políticas. Agotamos todas las posibilidades de participación, pedimos una audiencia pública, tuvimos la gran suerte que la Federación de Asociaciones de Vecinos, liderada por una mujer superpotente, se puso del lado nuestro. Había muchas más entidades que apoyaban y defendían los diferentes colectivos. Presentamos un recurso de inconstitucionalidad porque la normativa municipal no puede anteponerse a un derecho. Y estamos en ello, se creó la Agencia Integral de Trabajo Sexual y conseguimos que no les llamen prostitutas, y digo conseguimos porque ellas se enorgullecen de decir que hoy ya se les llama trabajadoras del sexo, aun cuando lo primordial es que se les dé y se les respete un lugar para trabajar, qué más da como las llamen. Ahora lo importante es que los vecinos están muy contentos porque donde estaba el chino antiguamente, ha sufrido una transformación urbanística impresionante. Hay un nuevo vecindario, gente nueva que está desvinculada de la historia de ese barrio y que, como casi todo el mundo, no quieren ver la miseria debajo de su casa o no quiere ver el producto o el fracaso de las políticas debajo de su casa, quieren que lo saquen. Aparecen campañas muy agresivas por parte de algunos vecindarios, que al final justifican como siempre: “vamos a ir a por las mafias”, pero a quien persiguen y detienen es a las mujeres. A través de asociaciones se han venido gestionando fondos para ofrecer cursos de inserción laboral. Por supuesto LICIT no participará en esto puesto que, como se manejan fondos europeos, la condición es que se dirija a personas que tengan la documentación en regla. Les pagan 600€ pero tienen que dejar la prostitución. Además de lo insuficiente que esto resulta, el problema es con aquellas que no tienen papeles. Es un paso atrás tremendo para todo el trabajo que el ayuntamiento había hecho de visibilización de derechos civiles. En este caso se tiene muy claro que no hay negociación porque no lo perciben como un trabajo digno. Se está cambiando la ciudad, hay mucho más control en pisos, con lo cual, antes el trabajo sexual era un buen espacio para las sin papeles, y como cada vez hay más mujeres con papeles que trabajan en la prostitución, hay mucha oferta, entonces los dueños de los negocios pueden seleccionar y terminan siendo contratadas solamente quienes tienen sus papeles en regla. Quedan así aquellas mujeres que no tienen sus papeles en una situación hiper-precarizada porque, en tal caso, ni siquiera el trabajo sexual puede ser una opción refugio. Como ya no se puede estar en la calle, paulatinamente van inaugurando nuevas estrategias, nuevas zonas y nuevas maneras de contactar. Hace dos semanas intentaron una redada. En las elecciones, el Partido Socialista decía en los medios de comunicación que habían cerrado a 500 mujeres en el trabajo. Mostraban una foto de 2006. Y nos preguntamos pero ¿dónde ha pasado todo esto? ¿500 mujeres? Lo duro de todo esto es la normalización del horror, o sea, cómo nos van naturalizando la idea flagrante de esa manera. Y al final, parece que no importa que las saquen del medio, ¡no importa!

Rentería-Gipuzkoa Junio 2007

Otros articulos relacionados

Mujer
Listar todo el número

Destacamos

SOS Racismo condena la agresión machista y racista a una mujer en el Metro de Bilbao

Ante la agresión sufrida por una mujer en el Metro de Bilbao, SOS Racismo-Bizkaiko SOS Arrazakeria desea manifestar lo siguiente:

Cerillas electorales. Apaguemos los discursos electorales que encienden fuegos racistas.

Capítulo 5. El miedo de Duran i Lleida (CIU) a que la población extranjera tiene más hijos e hijas que los autóctonos amenaza la catalanidad del territorio. El videojuego "inocente" del PP para eliminar personas inmigrantes indocumentadas y otras perlas. SOS Racisme

El derecho a una vivienda digna

Ante la muerte de dos jóvenes en Santurtzi, carta de Ainhoa Madariaga, integrante de SOS Racismo-Bizkaia

En las fronteras de Europa. CONTROLES, CONFINAMIENTOS, EXPULSIONES.

Informe MIGREUROP 2009-2010

SOS Racismo de Gipuzkoa

Quiénes somos. Qué hacemos. Conócenos y échanos una mano contra el racismo. Memoria 2009

Ver, oir y leer Gipuzkoa Solidaria

600 personas se dieron cita en el Kursaal donostiarra para celebrar el reconocimiento a las personas inmigrantes que forman parte de Gipuzkoa

Escucha el Informe Anual de SOS Racismo 2010

Mikel Mazkiaran presentó el Informe Anual 2010 en Radio 3

REVISTA DE PRENSA DIARIA

Si quieres recibir nuestra Revista de Prensa todos los días de forma gratuita...

Suscripciones REVISTA MUGAK

(trimestral)

Las mujeres inmigrantes están sometidas a una doble violencia, la ejercida por el maltratador y la discriminación a la que se ve abocada en la legislación, que prima su condición de inmigrante sobre la de víctima

Desarrollado por eFaber