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36 nº36 (2006-09-12)
Voces de mujeres musulmanas
Argote, Rosabel

De Nadia Naïr a Yamina Benguigui: Del discurso político al fílmico en la jornada “La voz de la mujer en el Islam” del foro NARO

Dicen que las mujeres inmigrantes musulmanas viven entre dos culturas. Pero se equivocan. No viven entre dos culturas. Viven en dos culturas(1) . ¿Puede deberse tal error léxico al hecho de que no sean ellas (las mujeres inmigrantes musulmanas) sino ellos (los discursos oficiales de la inmigración) quienes dicen cómo, cuándo y dónde viven estas mujeres? ¿No es hora ya de que las propias mujeres musulmanas digan y narren con voz propia sus experiencias y vivencias en o entre culturas? ¿O acaso esta narración no es nueva, las mujeres llevan tiempo hablando y simplemente ya es hora de que empecemos a escuchar sus voces?

No; no es nueva.

Adelanto que definitivamente las narraciones de mujeres musulmanas no son nuevas. Por el contrario, mujeres musulmanas de diferentes orígenes y perfiles llevan tiempo hablando y ya es hora de que empecemos a escucharles. Para fomentar esta escucha, la Dirección de Inmigración del Departamento de Vivienda y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco organizó el pasado 18 de mayo una jornada precisamente bajo el título “La voz de la mujer en el Islam”, en el marco NARO (Foro para la Igualdad) promovido por Emakunde. Su objetivo fue crear un espacio de voces de mujer en primera persona, sin intermediarios, sin filtros. Y así en dicha jornada se dio voz a mujeres musulmanas procedentes de aquí, procedentes de allí y procedentes de aquí y de allí. Abrió el programa Nadia Naïr, de la Universidad Abdelmadek Essaadi de Tetuán. Le siguió Yaratullah Monturiol (delegada del Estado español en la plataforma de musulmanas y musulmanes europeos). Posteriormente, y en un debate moderado por Jeanne Rolande (de la Asociación Biltzen), expusieron sus diferentes puntos de vista representantes del Centro Cultural Palestino Biladi (Rosa Termiño), de la Asociación Mujeres del Mundo (Maya Amrane), de la Asociación Safa (Hafida Mrabet Carama) y de SOS Racismo (Hafida Mesbah). La jornada concluyó, como no podía ser de otro modo, con una película dirigida por una mujer nacida en Francia de padres argelinos que en 2001 noveló bajo el título Inch’Allah dimanche (El domingo si Dios quiere) las vivencias de una mujer musulmana inmigrante en París.

Desmontaje de las imágenes mediáticas de la “mujer musulmana”

La participación de estas mujeres en la jornada (con sus ponencias y textos sociales, políticos, filosóficos, fílmicos) ante todo invitó a la audiencia a desmontar estereotipos y a cuestionar las fuentes de conocimiento sobre el Islam convencionales.

Y es que estas fuentes convencionales (prensa, telediarios, rumores, noticiarios de sucesos…) día a día, y sin que apenas nos demos cuenta, refuerzan en nuestro foro interno la imagen de la mujer musulmana como mujer pasiva y sumisa. Más aún, construyen en nuestro imaginario una imagen de mujer víctima del Islam y esclava del patriarcado musulmán, mujer callada y secuestrada bajo un velo que ha hecho que corran ríos de tinta en los medios de comunicación de todo el mundo. Pero, ¿realmente se necesitaban tantos ríos de tinta y realmente el velo es la raíz de la identidad de las mujeres musulmanas? ¿Acaso las mujeres musulmanas son, por definición, mujeres sumisas y calladas? ¿O tal vez se trata de una mera imagen mediática?

Ninguna de las mujeres participantes en la jornada “La voz de la mujer en el Islam” se mostró pasiva o sumisa. Ninguna se mantuvo callada ni declaró sentirse secuestrada bajo el velo, por mucho que algunas de las participantes llevaran el pañuelo en la cabeza por propia voluntad. Estas mujeres con voz propia no se describieron como esclavas del patriarcado musulmán y, con dicha voz propia, denunciaron el que siempre se les represente mediáticamente como objetos mudos y apolíticos sin capacidad de opinión ni reflexión.

De hecho, esta doble reivindicación de voz y pensamiento fue el denominador común de sus exposiciones. Como sujetos (y no objetos) políticos (en el sentido amplio de la acepción “política”) hicieron uso de la palabra. Y con esta palabra presentaron sus planteamientos en torno a los dos siguientes ejes que propusieron como básicos a la hora de desmontar las imágenes mediáticas convencionales de la mujer musulmana: el referente a la pluralidad de las voces de las mujeres musulmanas; y el referente a su no-silenciamiento.

1. Voces de mujeres musulmanas, en plural.

Los medios de comunicación tienden en muchos casos a generalizar a la hora de hablar de la mujer musulmana, en singular. Informan de que “la mujer musulmana hace esto, piensa eso, sufre aquello…” como si existiera un único perfil, un único modelo ideal, un prototipo, como comentó Yaratullah Monturiol en su exposición. Sin embargo se equivocan, ya que esta unicidad y homogeneidad no existen. Se equivocan y, por tanto, tendríamos que dejar de hablar de la mujer musulmana y empezar a hablar de las mujeres musulmanas, como propuso Nadia Naïr. Esta investigadora, citando al intelectual de origen palestino Edward W. Said, denunció en su ponencia que “‘cuando se habla del Islam, se elimina más o menos automáticamente el espacio y el tiempo’. El término Islam define una pequeña proporción de lo que pasa en el mundo musulmán, que cubre 1.200 millones de personas e incluye a decenas de países, sociedades, tradiciones, lenguas… Es totalmente falso intentar reducir todo esto a algo llamado Islam”.

De igual manera es totalmente desacertado el intentar reducir a la etiqueta de mujer musulmana a mujeres musulmanas en situaciones tan dispares como la argelina (que tutela y puede llegar a repudiar a las mujeres en base a un código inspirado en la shari’a o ley islámica) o la saudita (que prohíbe expresamente que las mujeres puedan incluso conducir un coche). Estas mujeres viven una realidad totalmente diferente a la realidad de las mujeres musulmanas de Pakistán o Bangladesh, que tienen abiertas las puertas al poder político y que pueden acceder, y acceden, a ser Primeras Ministras del país (cargo político que, como observó Nadia Naïr, ni siquiera es asignado con “naturalidad” a mujeres en Estados occidentales teóricamente muy avanzados en la igualdad entre hombres y mujeres, como es el caso de los países de la Unión Europea). En estos países europeos, además de vivirse dicha contradicción y de creernos erróneamente con la legitimidad suficiente para aleccionar a todos los países musulmanes en materia de igualdad, los medios de comunicación no sólo yerran al intentar encasillar bajo un epígrafe en singular (el de mujer musulmana) todas las realidades tan dispares arriba apuntadas. Yerran también al limitarse a dar la palabra a voces musulmanas ya consagradas (generalmente masculinas), que ensombrecen y acallan otras voces más contestatarias que no siempre encuentran un canal de expresión para hacerse oír; y así lo denunciaron las participantes en la jornada “La voz de la mujer en el Islam” como vamos a ver en el apartado que sigue.

2. Voces de mujeres musulmanas, no silenciadas.

Al mencionar el silenciamiento de voces más contestatarias, estas participantes se refirieron, por ejemplo, a las voces acalladas de mujeres musulmanas que lideran movimientos feministas árabes no europeizados y que difícilmente encuentran un medio de difusión de sus ideas (entre estas feministas se encuentra Fátima Mernissi quien, en su artículo sobre la autonomía del feminismo árabe citado en las jornadas, defendió lo siguiente: “las preocupaciones de las mujeres marroquíes –por mucho que cueste creerlo– no son los cosméticos, el velo o la danza del vientre, sino la igualdad de oportunidades en la educación, en el trabajo, etcétera…”. [Yo me he preguntado] muy seriamente por qué una feminista americana o francesa cree que yo no estoy tan preparada como ella para reconocer los esquemas de degradación patriarca… Cuando me encuentro con una feminista occidental que cree que le tengo que estar agradecida por mi propia evolución en el feminismo… [pienso que] la solidaridad de las mujeres será global cuando se eliminen las barreras entre clases y culturas”.

En consonancia con estas reivindicaciones de ruptura de las barreras entre culturas, Nadia Naïr, por su parte, también citó los discursos revolucionarios de otras mujeres musulmanas igualmente silenciadas en los medios oficiales occidentales. Las describió como mujeres (herederas de los legados de Hind Nawfal, Labiba Hasim, Mayy Ziyada o Huda Sharawi) que protagonizan día a día revoluciones ideológicas, bien desde el rechazo radical de la religión tradicional, bien desde propuestas de conciliación entre los discursos aperturistas de la modernidad (al-taffatuh) y los discursos conservadores de la autenticidad (al-assala). Y presentó así a todas esas mujeres que, más allá de las diferencias entre los feminismos occidentales y los orientales, se rebelan contra el silenciamiento alzando su voz, como la propia Nadia Naïr: “Los medios de comunicación no se hacen eco de las luchas de las mujeres y los debates en el mundo musulmán. No se hacen eco tampoco de las movilizaciones y de las luchas de las mujeres musulmanas inmigrantes en los países receptores como ciudadanas de Europa. En general, están más preocupados en mostrar una imagen de las musulmanas como víctimas pasivas, analfabetas, sumisas y culturalmente atrasadas, veladas y manipuladas por los integristas y no como sujetos políticos y ciudadanas que luchan para cambiar una situación de desigualdad y discriminación. Muchas veces la aportación de las mujeres, sus capacidades, sus competencias, su coraje y su resistencia están ocultos”.

Este coraje, esta resistencia, estas capacidades y competencias de las mujeres musulmanas, que muchas veces son ocultados por los medios de comunicación como afirmó Nadia Naïr, se desprendieron de todas y cada una de las intervenciones de las participantes en la jornada “La voz de la mujer en el Islam” a la que vengo refiriéndome. Con el denominador común de ser sujetos discursivos, y no meros objetos del discurso de terceros, todas ellas se rebelaron contra el silenciamiento y pusieron palabras a las verdaderas preocupaciones de la comunidad musulmana en general y de las mujeres musulmanas en particular en el momento actual.

El velo ocultador del coraje y resistencia de las mujeres musulmanas

En referencia a estas preocupaciones, fue también Nadia Naïr quien denunció durante su presentación la hipocresía de aquellos discursos que resumen en el uso o no uso del velo por parte de las mujeres musulmanas los problemas de integración de la comunidad islámica inmigrante en las sociedades occidentales. Para ejemplificar esta hipocresía, Nadia nos leyó a las personas asistentes a la jornada el siguiente fragmento: “El jefe de la mujer es el hombre… Si la mujer no lleva velo, rápesela… El hombre no ha de portar velo: es la imagen de la gloria de Dios; la mujer es la gloria del hombre… Y el hombre no ha sido creado por la mujer, sino la mujer por el hombre. He aquí por qué la mujer ha de portar sobre su cabeza el signo de su dependencia”.

Una vez declamado el fragmento, añadió la investigadora: “Cualquiera que lea estas afirmaciones tan políticamente incorrectas pensaría sin dudarlo que se trata de un extracto de algún texto islámico. La cita en cuestión proviene de una de las epístolas dirigidas a los Corintios por San Pablo”. Ante ello nos preguntamos: ¿Qué más pruebas necesitamos reunir para poder concluir que el velo no es en sí un símbolo musulmán de la exclusión de la mujer? ¿Acaso no llevan velo las monjas en la religión católica, y acaso no cubrimos nuestro pelo con pañuelos cuando así lo dictan (y digo dictan) las modas y tendencias estéticas que los diseñadores o diseñadoras presentan cada temporada en la pasarela Cibeles? La respuesta a estos interrogantes la plantea la arabista Gema Martín Muñoz en su artículo “Mujeres musulmanas en España, entre el estereotipo y la realidad”, también distribuido y debatido en las jornadas. Para ella las mujeres musulmanas son en realidad “víctimas de la intolerancia occidental cuando se les niega el derecho a usar voluntariamente ese símbolo de identidad musulmana. Existe un bloqueo cultural en nuestra sociedad para entender que el uso del pañuelo en la cabeza no marca la línea divisoria entre la [mujer] que se afirma y la que se somete; que son otros factores, sobre todo su acceso a niveles educativos, los que marcan esa divisoria”.

En total acuerdo con esta denuncia de los verdaderos factores que marcan la línea divisoria entre las mujeres que se afirman y las mujeres que se someten, quisiera resaltar la falacia y fraude de muchos de los ríos de tinta a los que me refería al principio de este texto. Efectivamente estos ríos corren; pero no para informar sobre la inmigración con honestidad, sino para tapar y velar los graves problemas que el sistema tiene y que prefiere ocultar tras la careta carnavalesca del debate sobre el velo. ¿Acaso no es más cómodo y tranquilizador para el lector o lectora de un reportaje el leer que todos los conflictos con la comunidad musulmana inmigrante se van a solucionar en España cuando se adopte una ley semejante a la francesa, que prohíba que el alumnado de las escuelas públicas luzca en su vestimenta “signos ostentatorios de religión”? ¿No es esto más cómodo que bucear en las razones estructurales que hacen fracasar los intentos de integración de la población musulmana migrada? Lo es; es más cómodo. Y por ello se entiende que Nadia Naïr concluyera su exposición denunciando que, bajo el tema del velo adoptado como elemento de distracción, “el analfabetismo, especialmente el de las mujeres, el desempleo, la crisis de la enseñanza, la situación de los derechos humanos, la condición de las mujeres, los regímenes autoritarios… son los verdaderos asuntos que están ocultados”, no nos engañemos.

De los textos des-veladores políticos de Nadia Naïr a los textos des-veladores fílmicos de Yamina Benguigui

Afortunadamente hay grupos de pensadores y pensadoras antisistema, rebeldes textuales que, como Nadia Naïr y a contracorriente, escriben ríos de tinta que fluyen en dirección contraria y que buscan des-ocultar y des-velar lo que realmente importa. Entre ellos un gran amigo mío periodista, Julio Flor, escribía así este texto el mismo día que en los Mundiales de Fútbol 2006 España marcaba cuatro goles a Ucrania. Lo titulaba “El narcótico”: El mundo grita goooooooooooool, gooooooooooooooooooooooooooooooooooooool, gooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooool. Una hora antes, o una hora después, en Palestina dos misiles israelíes han asesinado una decena de personas inocentes: nadie puede ya demostrar lo contrario. Los goles y los muertos están en la misma parrilla, el ying y la muerte, en la misma programación. Ojalá el mundo enmudeciera ante el terrorismo de Estado que practica Israel. Nada o Silencio: que eso al menos sería algo. Pero el mundo cambia de canal, ¿dónde coño está la Cuarta, o la Sexta marcha?, que vamos lanzados por la autopista de la indiferencia. Ocho muertos, doce muertos, quince muertos, cincuenta heridos, un genocidio… son pocos. Pero oh Dios, un goooooooooooooooooooooo OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOooooooolllllllLLLLLLLLLllllllllll es la hostia un gol, y más si hoy lo marca España.

¿Cuántos narcóticos como éste consumimos diariamente? ¿Cuántos goles bastarían para velar la absurdez de unos titulares periodísticos que recen que “en Francia las fuerzas de seguridad y los gabinetes asesores de los distintos grupos políticos han activado sus dispositivos de emergencia porque un niña esta mañana ha ido al colegio con un pañuelo por la cabeza”?

Sin duda, no harían falta ni muchos goles ni muchos debates mediáticos sobre “el velo SÍ/ el velo NO” para anestesiar a la opinión pública. Como apuntaba arriba, es mucho más fácil y cómodo explicar los problemas de la inmigración echándole la culpa al velo, que echándoles la culpa a las desigualdades Norte-Sur.

Ante ello, sólo nos queda preguntarnos por los posibles antídotos discursivos contra dicha comodidad y anestesia. Nos queda por preguntarnos cómo des-velar lo velado; cómo desprender a las mujeres musulmanas de su caracterización reduccionista al singular, cómo dar la palabra a las voces silenciadas de dichas mujeres. Las respuestas no son fáciles. Los antídotos contra dicha anestesia no son mágicos. Pero los hay. En la jornada “La voz de la mujer en el Islam” que vengo detallando se testaron con gran éxito dos de ellos; y el resultado fue un desvelamiento de la realidad plural y heterogénea de las mujeres musulmanas sólo rescatable cuando estas mujeres hablan con voz propia bien con un discurso político, bien con un discurso fílmico.

Así, bajo la categoría de discurso político-periodístico-académico, pronunció sus palabras a contracorriente una pensadora como Nadia Naïr, que ha luchado por los derechos de las mujeres musulmanas y que, desde sus múltiples textos, ha buscado desmontar los discursos hegemónicos sobre el velo. (Explícitamente y desde distintos foros de discusión y debate, Näir ha destapado la verdadera situación de las mujeres en ese mundo musulmán integrado por 1.200 millones de personas distribuidas por decenas de países, de sociedades, de tradiciones que mencionaba Edward W. Said).

Pero los discursos político-periodístico-académicos no son los únicos posibles a la hora de des-velar. El cine, por ejemplo, sabedor de su poder sensibilizador de la sociedad, se ha unido a la cruzada particular en contra del silenciamiento de las voces de las mujeres musulmanas. Desde su capacidad para generar corrientes de opinión y para difundir mensajes, ha des-velado y des-vela la situación de estas mujeres. Más aún, ellas mismas se han colocado y siguen colocándose al otro de la cámara (detrás, dirigiendo el objetivo); y filman historias, bajo la forma de ficción o bajo la forma de documental, que ofrecen una representación alternativa, bien de su situación en país de origen, bien de su situación como mujeres inmigrantes, en primera persona. Por ello no es casual que la jornada “La voz de la mujer en el Islam” se cerrara con una película realizada por una mujer argelino-francesa, no sita delante de la cámara bajo la atenta mirada de un director, sino detrás, como directora con voz y mirada propias. No es casual que la jornada se cerrara con el filme Inch’Allah dimanche (El domingo si Dios quiere), de Yamina Benguigui (2001).

Inch’Allah dimanche (El domingo si Dios quiere): Cinco claves para descifrar su discurso des-velador

Inch’Allah dimanche (El domingo si Dios quiere) es la historia de una mujer musulmana que se ve obligada a abandonar Argelia, dejando allí a su madre y hermanas, para emigrar a Francia. Se llama Zaouina. El motivo de su migración es la decisión de su marido Ahmed (que lleva ya diez años viviendo en Francia) de que su esposa y sus hijos se reúnan con él. Corre el año 1974 y el gobierno francés ha aprobado el que puedan entrar en el país las familias de los hombres inmigrantes que le han ayudado en los años anteriores a reconstruirse y recuperarse económicamente tras la Segunda Guerra Mundial. Ahmed ha sido uno de esos millones de hombres que en su momento emigraron de Argelia a Francia y, por ello, solicita la reagrupación familiar, que se le concede.

Zaouina llega a Francia con su hija y con su hijo y con su suegra Aïcha. Su suegra, una mujer mal-humorada, intransigente y cruel, no duda en maltratar verbalmente a su nuera cada vez que descubre en ella indicios de un “afrancesamiento intolerable”. El marido de Zaouina, espectador de este maltrato, no sólo no lo evita sino que lo refuerza castigando a su esposa con frialdad y dureza. Para escapar de este ambiente familiar hostil, Zaouina busca refugio en la radio y en otras mujeres (en su vecina parisina Nicole, que le regala maquillajes y le invita a salir en su Club de Divorciadas; en la otra joven argelina en Francia, Malika, a quien Zaouina busca desesperadamente cada domingo; en la viuda Madame Manant; etcétera) que le acompañan en su proceso de adaptación a la nueva sociedad. Sólo al final, cuando Zaouina decide que ya no puede aguantar más y se hace oír, entendemos el verdadero discurso de la película. Entendemos que Inch’Allah dimanche (El domingo si Dios quiere), como vamos a ver a continuación, se caracteriza por una trama cubierta inicialmente bajo un velo de comedia romántica y entretenida. Pero entendemos que, sin embargo, contiene bajo dicho disfraz de sainete fácil un discurso feminista cuyas reivindicaciones se hacen visibles si la película es leída desde las siguientes cinco claves.

1. Inch’Allah dimanche es, en primer lugar, un texto fílmico escrito y dirigido por una mujer.

La importancia de esta autoría con voz y mirada de mujer es destacable en un mercado cinematográfico como el actual en el que los hombres cineastas siguen siendo mayoría con respecto a las mujeres directoras de cine. Las mujeres, pese a ser eje de reflexión de muchos trabajos fílmicos, no siempre lideran la dirección de estos trabajos; y hacerlo es sin duda un acto reivindicativo de voz y mirada, máxime si nos referimos a la voz y mirada de las mujeres musulmanas, calladas y cegadas por los discursos mediáticos convencionales .

2. En segundo lugar, Inch’Allah dimanche es un texto en el que las mujeres inmigrantes abandonan su rol habitual de personajes secundarios y pasan a ser las protagonistas de la película.

Frente a este protagonismo de las mujeres (Zaouina, Aïcha, Nicole, Malika, Madame Manant…), el hombre es representado como un personaje sin nombre y callado (como el autobusero francés que se enamora de Zaouina) o como un personaje cuasi-invisible (como el marido de Zaouina, que nunca está en casa ya que trabaja todo el día de lunes a sábado y los domingos los pasa fuera del domicilio buscando un cordero). En esta conversión del hombre a personaje secundario, la directora reivindica la necesidad de transgredir e invertir simbólicamente los roles convencionales de representación de la inmigración magrebí en el cine.

3. Inch’Allah dimanche busca efectivamente dicha transgresión e inversión simbólica de los roles masculinos y femeninos en su representación fílmica de los hombres y mujeres musulmanas, aun cuando ello vaya en detrimento de la verosimilitud del filme.

De hecho, en la película se insertan diferentes escenas que, por su inverosimilitud, han sido descalificadas en diferentes críticas cinematográficas y que, sin embargo, contienen un alto valor simbólico reivindicativo. Entre ellas citaré, por ejemplo, la escena en la que se inicia la relación romántica entre Zaouina y un autobusero francés al que ella ve pasar por delante de su casa en el mismo preciso instante en el que ella pone los pies en su nuevo barrio galo por primera vez. En esa escena, el autobusero y Zaouina se miran y, al mirarse por primera vez, ya sellan la complicidad e idilio que les va a unir a lo largo de todo el filme. ¿Es verosímil este encuentro? ¿Es verosímil el que una mujer educada en la cultura tradicional argelina más estricta le sostenga la mirada al joven autobusero el primer día de haber llegado a Francia? Tal vez no; pero indudablemente el significado simbólico de la escena justifica que se sacrifique su credibilidad. Lo justifica el que, desde el comienzo de la película, la directora re-presente ya “otra forma alternativa de masculinidad –la del autobusero–” que, al entrar en la vida de Zaouina, le obligue al marido de ésta a revisar su manera de comportarse con su mujer, que ya no puede ser la del patriarca omnipotente y dominante.

Además de estas escenas inverosímiles, los diálogos en el filme también juegan un papel importante en la aclamación de la inversión simbólica de los roles. Y así adquiere especial relevancia la alusión intertextual a Simone de Beauvoir y a Le deuxième sexe, en una escena en la que Nicole le habla a Zaouina de este libro sobre el derecho de las mujeres musulmanas y no musulmanas a reivindicar, entre otras cosas, su sexualidad.

4. En ese sentido podemos asimismo decir que Inch’Allah dimanche (El domingo si Dios quiere) es un filme que personifica en Zaouina la posibilidad de la hibridez cultural.

Al hilo de la referencia a Simone de Beauvoir, podemos ver que la protagonista de la película, Zaouina, es representada con una identidad que hibrida la tradición cultural argelina y la modernidad francesa de la cultura occidental. Dicho de otro modo, simboliza la posibilidad de la hibridez cultural y el fracaso de las culturas monolíticas e inamovibles (partiendo de que la cultura no es un todo que se coge o se deja, que se adopta o se rechaza, sino que está compuesto por diferentes partes, algunas de las cuales son irrenunciables y otras no).

Así, el personaje de Zaouina evoluciona narrativamente sin la necesidad de tener que elegir entre la cultura argelina y la francesa para poder integrarse en su nueva comunidad. Lo vemos en cómo ella no rechaza su cultura madre (de hecho para expresar su tristeza, en un momento de intimidad, baila un baile argelino). Sin embargo sí la cuestiona y, por ejemplo, trata a sus tres hijos de igual manera, sin distinguir entre los dos niños y la niña (a diferencia del padre, que apenas mira a la niña). En cuanto a sus atuendos, si bien en casa lleva el djellabah y las babaouches, al salir a la calle lleva tacones y gabardina. Y, en cuanto a sus ritos y costumbres, si bien muestra curiosidad hacia la nueva cultura (escucha la radio diariamente, lo que precisamente le une al resto de mujeres de la trama), no quiere renunciar a celebrar la Fiesta del Cordero de forma tradicional y por ello recorre la ciudad en busca de otra familia con quien intercambiar pasteles ese día.

La hibridez de Zaouina contrasta con los rasgos de los personajes que representan la cultura monolítica e inamovible. Entre ellos, como decíamos, la suegra Aïcha representa el intento desesperado de mantener la cultura tradicional argelina inmutable e incambiable (de ahí que continuamente denuncie a Zaouina ante su marido de “querer ser como ellos, como los franceses”) . Pero el hecho de que la película termine cuando Zaouina se rebela y obliga a su marido a que “calle” a la suegra, ese “cállate” de Ahmed a Aïcha es un “cállate” a los discursos identitarios monolíticos y esencialistas.

5. El quid de la convivencia entre culturas se representa en este texto en la conformación de identidades híbridas y fluctuantes que cambian debido a la influencia de unos personajes sobre otros. El final de la película (Zaouina vuelve a casa en el autobús de su “admirador” y Ahmed, por primera vez, le ordena a su madre que deje de atacar a su esposa) no busca ser verosímil; pero sí simbólico. De igual modo es simbólico el hecho de que el cordero que Ahmed lleva a casa en la última escena no sea argelino sino marroquí, en simbólica representación del collage intercultural. Ambos “detalles” buscan retratar la hibridez cultural como resultado de la transformación que han experimentado todos los personajes como consecuencia de la mezcla entre ellos. Y al final del filme desfilan las nuevas identidades cambiadas, hibridadas (no sólo la de Zaouina, sino la de todos los vecinos), demostrándose así que la idea de autenticidad cultural (personificada en Aïcha) ha caducado ya.

La caducidad de las culturas monolíticas a modo de conclusión

Esta demostración de la caducidad de las culturas monolíticas es el colofón de todo un discurso reivindicativo y des-velador que está latente en los noventa y ocho minutos de metraje del filme y que se materializa en diferentes aspectos.

Por un lado, a lo largo de los noventa y ocho minutos, Yamina Benguigui desarrolla unos personajes que no se ajustan a las categorías tradicionales de buenos y malos, sino que conforman toda una fauna de identidades intermedias con bondades y maldades, con miserias y razones justificativas de dichas miserias que no les hacen ni buenos ni malos sino viceversa. (Así, cuando vemos llegar al policía a la casa de Zaouina, pensamos que se trata de un personaje “malo” “a la caza y captura de inmigrantes sin papeles”. Sin embargo, luego descubrimos que es una buena persona que intenta mediar en el conflicto entre vecinas simplemente apelando a la convivencia y al diálogo. Igualmente a la suegra llegamos a aborrecerla por la acritud con que trata a Zaouina. Sin embargo, en un momento dado del filme, conocemos que de niña fue esclava de una familia colona francesa que le maltrató, lo cual marcó totalmente su forma de relacionarse con los demás. Incluso la vecina racista de Zaouina, que inicialmente se nos presenta como una repelente obsesa por su jardín y sus plantas, provoca nuestra compasión a medida que avanza la película y vemos que, en realidad, es una mujer triste, deprimida, cuyo racismo es sobre todo un temor a lo amenazante por desconocido [ve que sus nuevas vecinas argelinas están amenazando sus plantas con su costumbre de cocinar en el jardín y reacciona agresivamente contra ello]). Lo interesante de esta ruptura con la concepción convencional de buenos y malos es ver cómo Yamina Benguigui, al presentarnos a estos personajes, primero juega a que nos identifiquemos con quienes creemos que son “buenos” y que odiemos a quienes creemos que son “malos”. Y lo hace para posteriormente desmontarnos esa identificación, mostrándonos la falacia de entender la inmigración en términos binarios de “los buenos/ los malos”, “los culpables/ las víctimas”. Esta ruptura con el pensamiento binario y con los estereotipos convencionales nos lleva, por otro lado, a entender el significado de los múltiples planos de maletas con los que empieza la película (Ahmed, pese a que lleva diez años en Francia, todavía no ha acabado de deshacer su equipaje; y sin embargo Zaouina, que acaba de llegar, se niega a ser presentada como personaje en continuo estado de tránsito con el único sueño de volver a Argelia). Así, las escenas en las que vemos a Zaouina aprendiendo francés, explorando la ciudad, escuchando la radio son imágenes que demuestran cómo Benguigui ha aprovechado los noventa y ocho minutos de Inch’Allah dimanche para también romper con la representación tradicional de la inmigración magrebí, convencionalmente representada en su incapacidad para integrarse.

Como conclusión, podemos decir que Inch’Allah dimanche representa la vida cotidiana de una mujer musulmana inmigrante, sin grandilocuencias, ni denuncias extravagantes. No es una película sobre los malos tratos (pese a las escenas de violencia de Ahmed hacia Zaouina) ni es una película sobre el racismo (no representa a todas las personas recién llegadas como “buenas”, ni representa a todas las personas francesas como “malas”). Es una película de detalles, en la que no es casual que los iniciales primeros planos de Zaouina sean rodados tras la verja de la frontera argelina, mientras que en los últimos planos del filme las verjas sean sustituidas por un cristal transparente (el del autobús) tras el cual Zaouina observa el mundo y el mundo le observa a ella. En esta película de detalles las tomas claustrofóbicas de la casa contrastan con las panorámicas de las calles de la ciudad. Y en esta película de detalles, cuando Zaouina compra cotidianamente en el ultramarinos, la dependienta no se dirige a ella como “Señora de Ahmed” (que sería lo convencional) sino que le llama por su nombre de pila; mientras que, sin embargo, sí se refiere a Ahmed como al “Señor de Zaouina” (lo cual, por inusual, desmonta las jerarquías tradicionales colocando a la mujer en la cabeza de la estructura familiar). En esta película de detalles, en resumidas cuentas, nos encontramos con un velo narrativo a destapar (a des-velar) y con muchos planos a descifrar de mano de la mirada crítica a la que invitamos desde estas páginas. Y es que en esta película de detalles, cada palabra, cada fotograma, cada escena busca homenajear a todas esas mujeres inmigrantes que, como antes decía, no viven entre sino en dos culturas.

Bibliografía

Díaz Zabala, Ismael. “Festival de Cine de San Sebastián. Crónica desmadejada del evento”, Mugak 25 (2003). Fauvel, Maryse. “Yamina Benguigui’s Inch’Allah Dimanche: Unveiling Hybrid Identities”, Studies in French Cinema 4.2 (2004): 147-57.

Martín Muñoz, Gema. “Mujeres musulmanas en España, entre el estereotipo y la realidad, Jornada “La voz de la mujer en el Islam”, organizada por la Dirección de Inmigración del Gobierno Vasco, Bilbao, 18 de mayo de 2006.

Mernissi, Fátima. “Sobre la autonomía del feminismo árabe”, Jornada “La voz de la mujer en el Islam” arriba citada. Naïr, Nadia. “El Islam en un mundo globalizado. Movimientos sociales y políticos en el seno del Islam por la igualdad entre hombres y mujeres”, Jornada “La voz de la mujer en el Islam” arriba citada.

  1. Esta distinción entre las preposiciones en y entre ha sido apuntada por diferentes investigadores e investigadoras de la cultura musulmana, entre éstas Faryse Fauvel del College of William and Mary, Williamsburg, Virgina, EEUU. A Fauvel agradezco muchas de las aportaciones contenidas en este artículo.
  2. El entrecomillado es mío.
  3. Para conocer algunas de las producciones magrebíes más interesantes producidas en los últimos años, léase la “Crónica desmadejada de la 51ª edición del Festival de Cine de San Sebastián” publicada por Ismael Díaz Zabala en el número 25 de esta revista. En dicha crónica, el autor revisa las 33 películas de producción magrebí (Marruecos, Argelia, Túnez) incluidas en la sección “Entre amigos y vecinos” del Festival.
  4. El otro personaje es el de la chica argelina Malika, que lleva 10 años en Francia pero que perpetúa la tradición musulmana y así se la enseña a su hija –para quien ya tiene apañado un matrimonio–. Hay un momento del filme en el que Zaouina ha ido a visitar a Malika y se da cuenta de que con ella se encuentra tan desubicada como con su vecina francesa. Su dolor cuando Malika le echa de casa es como si su cultura madre le estuviera expulsando, a la vez que la nueva cultura receptora no le estuviera acogiendo. La directora retrata aquí ese momento en el que la población inmigrante siente que no pertenece al país del que salió ni tampoco al que ha llegado. Sólo después se dan cuenta de que pertenecen a los dos, de igual manera que Zaouina no se instala en el espacio entre las dos culturas, sino que logra establecer un puente y residir en ambas que, lejos de ser inamovibles, cambian y se adaptan la una a la otra.

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Ante la muerte de dos jóvenes en Santurtzi, carta de Ainhoa Madariaga, integrante de SOS Racismo-Bizkaia

En las fronteras de Europa. CONTROLES, CONFINAMIENTOS, EXPULSIONES.

Informe MIGREUROP 2009-2010

SOS Racismo de Gipuzkoa

Quiénes somos. Qué hacemos. Conócenos y échanos una mano contra el racismo. Memoria 2009

Ver, oir y leer Gipuzkoa Solidaria

600 personas se dieron cita en el Kursaal donostiarra para celebrar el reconocimiento a las personas inmigrantes que forman parte de Gipuzkoa

Escucha el Informe Anual de SOS Racismo 2010

Mikel Mazkiaran presentó el Informe Anual 2010 en Radio 3

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Las mujeres inmigrantes están sometidas a una doble violencia, la ejercida por el maltratador y la discriminación a la que se ve abocada en la legislación, que prima su condición de inmigrante sobre la de víctima

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