MUGAK: Centro de Estudios y Documentación sobre racismo y xenofobia de SOS Racismo/SOS Arrazakeria
 
 

27 nº27 (2004-04-01)
Interrogantes en torno a las movilizaciones de Barcelona
Aierbe, Peio

Interrogantes en torno a las movilizaciones de Barcelona

Peio M. Aierbe

El pasado 5 de junio una manifestación de unas 5.000 personas recorría las calles de Barcelona en demanda de “Papeles para todos”. Al término de la misma más de 1.500 inmigrantes sin papeles se encerraron en la catedral. Otro centenar lo hizo en la iglesia del Pí. La acción recordaba bastante el encierro que en enero de 2001 llevaron a cabo un millar de inmigrantes en varias iglesias de Barcelona, 300 de los cuales mantuvieron dicho encierro en la iglesia del Pí durante 47 días. En esta ocasión, la policía entró en la catedral y desalojó por la fuerza a los encerrados. Tras el desalojo, y ante la amenaza de intervenir igualmente en la iglesia de Pí, quienes se hallaban en esta iglesia, abandonaron la misma. El propio arzobispo pidió la intervención policial. Una veintena recibirán orden de expulsión.

Antecedente inmediato

Estas movilizaciones vienen siendo impulsadas desde la Asamblea para la Regularización Sin Condiciones (ARSC). Este organismo, en una carta abierta que enviaba el 29 de mayo, denunciaba, entre otras cosas, llevar dos meses esperando a que Adela Ros, la responsable de la Generalitat en materia de inmigración quisiera reunirse con ellos. En la carta planteaban sus reivindicaciones:

- Un proceso de regularización para todas las personas que residen en España

- Que ninguna persona pierda sus derechos por a ineficiencia de la Administración

- La anulación de las órdenes de expulsión no ejecutadas y el fin de toda expulsión

- El fin del acoso policial

- Cierre de los centros de internamiento

- La derogación de la ley de extranjería

- Cambio de política migratoria.

El titular de la carta era bien expresivo: “Si es necesario… ¡nos encerraremos!” de modo que la preparación del encierro era todo menos algo secreto.

Reacciones

La última movida de inmigrantes sin papeles en Barcelona ha tenido algunas cuestiones nuevas. Una de ellas ha sido el posicionamiento público e inmediato, en contra, de diversas ONGs y sindicatos. En la rueda de prensa que dan estas organizaciones, a los dos días del desalojo, encontramos los argumentos para su rechazo público:

- No es hora de encierros sino de negociar una buena reforma de la Ley,

- Los promotores del encierro tratan de aprovecharse de la situación desesperada de alguna gente y ganar protagonismo,

- Los inmigrantes actúan manipulados,

- Se juega con gente que puede acabar siendo expulsada,

- Están provocando falsas expectativas,

- Son absurdas las movilizaciones cuando se está negociando

- Se llama a no secundar posteriores iniciativas porque se corre el riesgo de expulsiones

- Incluso, de las referencias de prensa, cabría deducir que se apoyaba la acción policial.

Interrogantes

Entiendo que lo sucedido tiene envergadura suficiente para hacerle un hueco a la reflexión. No estamos ante una mera valoración distinta sobre la oportunidad o no de una acción, cosa muy lógica y saludable, sino, al parecer, la necesidad de dar cobertura a la actuación del gobierno, manifestando públicamente la oposición a dicha acción y los argumentos utilizados. Además, no era la única alternativa. Ha habido organizaciones de igual “solera” antirracista e inmigrante que no han participado de la plataforma organizadora, pero que han mantenido el tipo defendiendo el derecho de la gente encerrada a llevar adelante su movilización, criticando a la administración por su pasividad y a la policía por su actuación, al tiempo que impulsaban otras iniciativas en pro de reivindicaciones similares.

Los argumentos

Oportunidad. No parece estrambótico que haya quien piense que este es un momento adecuado para presionar al PSOE de cara a soluciones profundas en la política migratoria del gobierno español. De hecho, diversas movilizaciones en forma de recogida de apoyos y firmas con objetivos similares vienen realizándose, en ese sentido, a lo largo del estado español.

Negociación/Movilización. No está claro por qué hay que contraponer movilización y negociación. El abc de numerosas luchas, por ejemplo sindicales, muestran la utilidad de presionar con movilizaciones para conseguir una buena negociación. La experiencia de los encierros de 2001 muestra lo útil que fue de cara a la posterior regularización extraordinaria, así como para extender los beneficios de la misma a toda la gente que participó en los encierros. Otra cosa es que hay gente que nunca ha organizado cosas de este tipo, como un encierro, e incluso que lo considera, despectivamente, métodos radicales.

Protagonismo. Sin duda todas las entidades presentes en el ámbito de la inmigración tratan de tener su protagonismo. Y es lógico, ya que si de negociar se trata no es baladí la cuestión de quién negocia. Algunas Ongs y sindicatos al parecer están participando en lo que llaman negociación con el gobierno. No puede culparse a quienes se margina expresamente de que traten de romper ese boicot. A fecha de hoy, no existen instancias que puedan reclamar la exclusividad en la representación del mundo de la inmigración. De modo que, si se excluye a una parte de esas organizaciones no puede exigírsele que esté a la espera de lo que otros negocien.

Manipulación. Tema vidrioso donde los haya y vieja coletilla usada en todo tiempo y lugar con ánimo de desprestigio. En todo caso, llama la atención que 1.500 personas puedan dejarse manipular. Pero lo que, sobre todo, pone de manifiesto esa acusación es la consideración de las personas inmigrantes como gentes desprovistas de ideas propias, incapaces de hacerse por sí mismas una composición de lugar y tomar sus propias decisiones. Se está llegando al absurdo de negar a la gente para la que pedimos igualdad de derechos el que usen esos mismos derechos, lo que, en el mejor de los casos, no deja de ser sino una muestra de paternalismo. Parece que se pensara que es mejor que no se movilicen y exijan sus derechos que ya se los daremos nosotros, tras la correspondiente negociación en su nombre. Riesgo de expulsión. Este argumento se usa tanto para criticar el encierro como para llamar a no secundar posteriores iniciativas por el riesgo que se corre de ser expulsadas. Parece olvidarse que la inmensa mayoría de quienes se encerraron corren ese peligro a diario. Y no es un peligro virtual, ahí están las 117.768 órdenes de expulsión dictadas por la administración española desde enero de 2002. No hace falta pues, movilizarse para correr ese riesgo. En todo caso, es a cada persona a quien incumbe si le merece la pena involucrarse en la movilización aun a costa de aumentar los riesgos. En los encierros de 2001 hubo gente que participó en los mismos, que no entraban en los supuestos considerados en la regularización extraordinaria y que consiguió, de esa forma, que fuera tomada en cuenta su regularización particular.

Falsas expectativas. Tal vez sea bueno recordar que quien ha despertado muchas expectativas (el tiempo dirá si son falsas) es el partido socialista hoy en el gobierno, quien se presentó a las elecciones prometiendo resolver los problemas de la gente y, en esta cuestión, afirmando que la ilegalidad, bajo su gobierno, sería una excepción. Como también son expectativas lo que están vendiendo quienes dicen estar negociando con la administración unas medidas que (se supone) resolverán los problemas de la gran mayoría de esa bolsa de un millón de personas indocumentadas. ¿O no es así? ¿O tal vez se esté negociando, en el mejor de los casos, la posibilidad de documentarse a una pequeña (aunque significativa) parte de esa gente? En ese caso ¿por qué extrañarse de que se movilicen quienes puedan pensar que van a quedar fuera?

Un movimiento diverso y plural

La evidencia, escenificada en Barcelona, de que estamos en presencia de un movimiento inevitablemente diverso y plural es algo que parece olvidar todo el mundo. Parece que para dar más fuerza a los propios argumentos haya que estigmatizar los ajenos. Lo hacen las organizaciones que comentamos protagonizaron la rueda de prensa de condena del encierro. Y lo hace la Asamblea para la Regularización Sin Condiciones (ARSC) cuando culpa de la división entre los movimientos sociales a “las organizaciones que se han puesto al lado del Gobierno y se han olvidado de los inmigrantes” contribuyendo a esa visión binaria de buenos/malos. Cada cual escoge su campo de acción. Está claro que quienes impulsan la ARSC juegan en otra categoría. Nada esperan de las otras entidades, a quienes juzgan con una extrema severidad sobre su papel de cara al gobierno. Sus iniciativas, empero, suelen tratar de buscar luego unas solidaridades de aquella gente duramente criticada, lo que no deja de darse de narices con la lógica. Cada cual es libre de escoger su campo de trabajo: unos en el terreno asistencial, otros en el reivindicativo; unos optan por trabajar muy pegados a la administración y a sus ayudas y otros por interpretarlo todo en clave política y exigiendo soluciones de fondo… Otra cosa es pedir a los demás que hagan lo que tú quieres… Qué cabe esperar del Partido Socialista De lo ocurrido en Barcelona llama la atención la apuesta incondicional hecha por algunas organizaciones sobre lo que pueda resolver las medidas que adopte el gobierno del partido socialista. Llama la atención por lo extremadamente tímidas que aparecen las intenciones expresadas hasta ahora por los diversos miembros del gobierno, incluido Zapatero que proclaman con firmeza que no van a modificar la ley de extranjería, ni siquiera en las cuestiones recurridas al Constitucional. Y hablando de los encierros de Barcelona, llama la atención su resolución de una forma expeditiva que no se atrevió a hacer en su día el PP, incluida la decisión de proceder a las correspondientes expulsiones. Es un aviso de que, más allá de los márgenes que finalmente acaben habilitando, siempre van a exigir el cumplimiento de la ley (denunciada como represiva…) y a poner en funcionamiento sus mecanismos de expulsión… En estas condiciones, ¿es razonable plegarse (y más todavía exigir a los demás que hagan lo mismo) a lo que el PSOE esté dispuesto a dar? Por ejemplo, ¿por qué no exigir una nueva regularización? Hasta ahora (en el pasado) era una reivindicación bastante unitaria de la gente solidaria con las personas inmigrantes. Y ahora va a resultar ser una posición “radical”. ¿Por qué? ¿Simplemente porque el PSOE hace ahora un cálculo electoral y piensa que esa postura tiene más apoyos en el electorado? Esa podrá ser la postura del PSOE pero ¿tiene que arrastrar también a las entidades que trabajan con la inmigración? Una respuesta negativa a estos interrogantes llevaría a pensar que no tiene mucho sentido confiar en lo que pueda hacer el PSOE “de motu propio”. Y que por tanto, es preciso contar con lo que cada entidad sea capaz de influir en la voluntad gubernamental. Cada cual con los medios de que disponga y según la orientación política (todo el mundo actúa con criterios políticos, incluso quienes lo niegan) que mejor le parezca. Paradoja: Mientras todo esto ocurre con “nuestros” inmigrantes, en Barcelona tienen lugar los actos del Forum de las culturas

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