nº25 (2005-10-01)
Etnicidad inevitable, convivencia posible
Donostia. 16.05.03 Xabier Aierdi
El sociólogo francés, Pierre Bourdieu, afirmaba que era partidario de hablar de la realidad que mejor conoce, en su caso la francesa, tratándola como «caso figura en un universo finito de configuraciones posibles» . Algo similar voy a hacer yo en la primera parte del artículo y hablaré de lo que mejor conozco, la sociedad vasca, para aplicar en nuestro contexto el análisis de la etnicidad, convencido de que si lo dicho sirve para entender este caso, también servirá como modelo para luego entender otras realidades sociales y otras situaciones similares. Desde esta perspectiva, en primer lugar, me ceñiré a un plano meramente científico e intentaré abordar qué es la etnicidad y porqué es inevitable como proceso antropológico y social. En estos términos lo ha entendido la teoría social. Este constreñimiento al discurso científico, se debe a que éste coexiste con otro conjunto de discursos, sobre todo políticos y periodísticos, que con fines de diversa índole no hacen sino imposibilitar saber de qué se está hablando, confundiendo permanentemente los planos descriptivo y prescriptivo. Por ejemplo, en nuestro contexto vasco, se ha convertido un lugar común tildar el nacionalismo vasco de étnico, como opuesto al nacionalismo cívico o al patriotismo. Este tipo de luchas de denominación se sitúan en un contexto no necesariamente científico. Este tipo de luchas parecen, por un lado, explicar toda su realidad, que no es el caso, pero, por otro, impiden analizar aquellas otras incrustaciones de lo étnico en formas históricas presentadas como cívicas. Siguiendo con otro ejemplo, cabe preguntarse si ¿hay acaso algo más étnico que el actual apartheid global basado en la ciudadanía occidental, como afirma más de un autor? Ahora bien, con el momento científico no pretendo ser ni un mero entomólogo que disecciona un objeto muerto, la etnicidad, ni pasar por alto los riesgos que entrañan algunas prácticas sociales y políticas basadas en lecturas étnicas restrictivas o que usan los mecanismos étnicos excluyentes para su justificación. Esta será mi segunda parte, muy normativa por cierto, y en ésta aportaré algunos dilemas y unas recetas nada novedosas para la articulación de una convivencia decente en unas realidades sociales y políticas de pluralismo cultural.
1. De la etnicidad inevitable
1.1. Antecedentes
Las ciencias sociales, en tanto modernas, han operado con un esquema que algunos autores han caracterizado como «nacionalismo metodológico», basado en el principio de solapamiento de Estado, Sociedad y Nación. Este esquema in o pre-consciente ha servido para un determinado tiempo histórico, pero parece inservible para el tratamiento del pluralismo cultural. Este principio de solapamiento consiste en que sólo hemos sido capaces de delimitar y de visualizar la sociedad en la medida en que ha habido fronteras estatales, suponiendo además que la sociedad que subsumían éstas constituía una única nación. En este sentido es en el que hablamos de sociedad (nación) norteamericana, francesa o vasca, así como de las características y estructuras que las constituyen y las diferencian entre ellas. Este principio ha sido, junto con el del progreso, un dado por supuesto en las ciencias sociales tanto en las corrientes funcionalistas como en las marxistas. En consecuencia, las fronteras y los Estados han sido los receptáculos que han hecho posible imaginarnos lo social, por lo que la ciencia ha tenido un fuerte componente estatal en el ámbito de las delimitaciones analíticas. En esta situación, lo social ha sido sinónimo de orden, de homogeneidad cultural, bien preexistente a la constitución de los Estados o bien como resultado de los procesos de socialización (nacionalización) de la Nation Building. Este orden es lo contrario de la impureza, de la suciedad, según Zygmunt Bauman. Un intento de ordenación cuya contrapartida lógica es eliminar la ambivalencia conductual, la ambigüedad situacional, así como la identitaria. La modernidad se ha caracterizado por un manifiesto afán legislador, por un intento de generar realidades a la medida de los valores de quienes proponían los proyectos, sea el marxismo sea el liberalismo. Este carácter legislador y ordenador de los diferentes proyectos de la modernidad ha colegido que como consecuencia del establecimiento del Estado-Nación, que es el único objeto claro y conceptualizable de todos los que mencionamos en este artículo, se darían los siguientes resultados:
1.2. Etnicidad
Antes que nada la etnicidad es el reconocimiento de que el ser humano es un ser socializado y cultural. Un ser humano que no es previo a su quizás necesaria ficción liberal, de la que hablaremos más tarde. Qué es, por tanto, la etnicidad. La etnicidad es ese mecanismo antropológico que establece distinciones entre el nosotros y el ellos. Es en palabras de Nielsson, a quien seguiré básicamente en este apartado por la claridad de su exposición y porque recoge toda la corriente mayoritaria de la comprensión de la etnicidad en las ciencias sociales, «un proceso de formación de identidades por medio de la cual una población invoca varios atributos con el propósito de crear grupos solidarios» . En cuanto tal, la etnicidad no se considera como un don primordial, que es su forma normal(-izada) en la percepción social-grupal, sino como una identidad plástica que puede ser controlada, negociada, manipulada o transformada de algún modo bien por motivos expresivos, de afirmación de quiénes somos, o por instrumentales, por intereses cambiantes según circunstancias. No es pues ni una realidad natural ni un elemento invariante, sino un proceso que en cuanto tal puede o no ponerse en marcha y que una vez que está operativo puede adoptar diferentes formas, pero que siempre genera identidad grupal. Este proceso de etnicidad puede hacer uso o no, puede basarse o no, en unos determinados atributos étnicos, aunque normalmente tenderá a realizarlo por el principio del primordialismo. El atributo étnico es en este recorrido terminológico el elemento cultural más «natural», o el más objetivable. De entre estos atributos, los más mencionados e identificados son:
Estos atributos étnicos son «indicadores de cultura» con base en los cuales podemos describir científicamente categorías étnicas y clasificar poblaciones y gentes. Ahora bien, aquí y desde un principio nos encontramos con un primer salto mortal y una primera confusión en la teoría sobre la constitución de grupos. El salto mortal: los atributos son material plástico, manipulado y manipulable en diferentes y múltiples combinaciones, para crear el lazo cimentador sociocultural por medio del cual o se forman o se transforman los grupos étnicos en el interior de un proceso de movilización social, lo cual generará sus consecuentes fronteras étnicas, que son siempre situacionales. La confusión: pensar que la posesión de atributos genera automática y obligatoriamente la formación de grupos diferentes y diferenciados. Un ejemplo previo a la explicación de estos aspectos: Juan José Linz descubrió que en el País Vasco francés la población era más primordialista, sin que ello conllevase nacionalismo político, mientras que en el País Vasco español la población había derivado al nacionalismo político sin prestar tanta atención al primordialismo, es más, en algunas versiones de este nacionalismo se rechazaba explícitamente el primordialismo.
Comenzando desde la confusión podemos aclarar el salto mortal. La confusión radica en pensar que las diferencias científicamente observables son necesariamente operativas socialmente. No, esto no es así. Las diferencias sólo nos indican variabilidad cultural, son la resultante de las distintas acomodaciones de las diferentes poblaciones a lo largo del mundo. Ni más, ni menos: simplemente eso. Las diferencias existen objetivamente: las lenguas difieren, las religiones también y asimismo los conjuntos de usos, normas y costumbres privativos de las diferentes poblaciones. Las diferencias tienen mucho de adaptación al medio y de respuesta a los diferentes medios materiales y ambientales con los que se han encontrado las diferentes poblaciones a lo largo de la historia. Este es el plano del materialismo cultural. La diferencia es objetiva, el grupo étnico es creación subjetiva. No sólo eso, es creación subjetiva exitosa. Esto tiene mucho que ver con la distinción de Marx de clase en sí y clase para sí, o con la distinción sociológica entre agregado estadístico y agregado social. Los primeros comparten unos determinados rasgos, los segundos basándose en esos rasgos, o no, tienen conciencia de pertenecer a un determinado grupo. La primera es; la segunda puede o no ser. Entre la primera y la segunda hay movilización social exitosa con consecuencias políticas, no relación automática. Entre la primera y la segunda hay una teorización del rango que sea o en palabras de Bourdieu un efecto-teoría (efecto de revelación) que une en uno lo que antes estaba disperso en muchos. En términos sociológicos: performa la preforma, hace real (crea) lo que define, prescribe lo que describe. Como afirma Bourdieu, «los grupos están por hacer. No están dados en la realidad social… Pero eso no quiere decir que se pueda constituir cualquier cosa, de cualquier manera, ni en la teoría ni en la práctica». Ser negro puede ser irrelevante en el África subsahariana, serlo en Norteamérica puede ser el detonador del black power (la negritud). Es más, las luchas étnicas en África tendrán su origen en otros elementos étnicos dado que la negritud es una variable neutralizada y, por contra, la negritud teorizada en Africa no es sino el efecto especular de lo ocurrido en Estados Unidos o de lo interiorizado por las élites africanas en Europa, como ocurrió con su teorización en la época de la descolonización. Vayamos al salto mortal, a la importancia de los atributos en la posterior formación de grupos. Volvemos a Bourdieu quien añade que la eficacia simbólica de hacer cosas con palabras «depende del grado en el que la visión propuesta está fundada en la realidad. Evidentemente, la construcción de los grupos, no puede ser una construcción ex nihilo. Tiene tantas más posibilidades de éxito cuanto más fundada está en la realidad; es decir (...) en las afinidades objetivas entre las personas que trata de juntar. El efecto teoría es tanto más poderoso cuanto más adecuada es la teoría (...) Solo si es verdadera, es decir adecuada a las cosas, la descripción hace las cosas. En este sentido el poder simbólico es un poder de consagración o de revelación, un poder de consagrar o de revelar las cosas que ya existen (...), en realidad, como un constelación que (...) comienza a existir solamente cuando es seleccionada y designada como tal, un grupo, clase, sexo (gender), región, nación, no comienza a existir como tal, para aquellos que forman parte de él y para los otros, sino cuando es distinguido, según un principio cualquiera, de los otros grupos, es decir a través del conocimiento y del reconocimiento… El poder una visión de las divisiones, es decir el poder de hacer visibles, explícitas, las divisiones sociales implícitas, es el poder político por excelencia: el poder de hacer grupos, de manipular la estructura objetiva de la sociedad».
Si seguimos este precepto de Bourdieu, debemos tomar como ley cuasi científica en la formación de grupos que el éxito será mayor en la medida en que se den «afinidades objetivas entre las personas que trata de juntar». Ahora bien, no debe nunca olvidarse que los atributos son material plástico, que por su extrema versatilidad pueden ser invocados, pero no ser los que realmente operan en las fronteras étnicas que se usan entre el nosotros y el ellos, entre los incluidos y los excluidos en las prácticas étnicas de inclusión/exclusión. Dos ejemplos de elefantes: quien haya visto la película Dumbo de Walt Disney verá cómo éste es expulsado de su cualidad (de la comunidad) de elefante (elefantes) por tener los orejas muy grandes, y sólo será readmitido en el grupo étnico elefante cuando demuestra que tiene capacidad de volar, porque una cualidad extraordinaria y carismática puede servir para reingresar en la comunidad de los iguales. Igualmente, quien haya visto El libro de la selva, podrá observar qué discusión mantienen papá e hijo elefante para aceptar a Mowgli en la comunidad de elefantes. Dejemos los elefantes y pongamos un ejemplo más cercano para entendernos mejor. Un ejemplo de cómo hacer cosas con palabras es la célebre afirmación de Sabino Arana: «Euzkadi euzkotarren aberria da», «Euzkadi es la patria de los vascos». Esta afirmación, esta declaración, esta confirmación,
Con base en este ejemplo entramos en un territorio incierto en el análisis de cuáles sean las bases reales de la formación de los grupos y de las identidades. A este respecto no debe olvidarse la importancia que Benedict Anderson concede a las naciones como «comunidades imaginadas», a los grupos formados por un proceso de abstracción, según el cual unos ciertos atributos nos unen naturalmente, en la percepción social, en una cierta comunidad. Según Anderson, esta comunidad es imaginada «porque aun los miembros de la nación más pequeña no conocerán jamás a la mayoría de sus compatriotas, no los verán ni oirán hablar de ellos, pero en la mente de cada uno vive la imagen de su comunión». Evidentemente, este acto de imaginación no es una obra individualizada que deba desarrollar cada persona, sino que está mediada por líderes carismáticos, partidos, teóricos, legitimadores, divulgadores, propagandistas, y otra variada gente, ayudada con medios de comunicación, estructura institucional, etc, o un adecuado «caldo de cultivo». Ahora bien, una lectura apresurada de Anderson ha querido ver «imaginaria» donde ponía «imaginada», ha pretendido presentar como imaginaria, como carente de base, como confusión mental, como un sinsentido sin lugar en la historia que toma molinos de viento por gigantes, la irrupción de determinadas peticiones por parte de grupos que se auto-consideran nacionales. De hecho, el mismo Anderson critica la ferocidad de Gellner cuando éste sostiene que «el nacionalismo no es el despertar de las nacionales a la autoconciencia: inventa naciones donde no existen». Bourdieu afirmaría, por contra, que es difícil inventar lo inunificable. No obstante, la visión de Gellner está muy extendida y es mayoritaria en el pensamiento no nacionalista del País Vasco. Evidentemente, la impugnación de Gellner llueve sobre mojado, porque el nacionalismo inventa naciones porque las naciones son una construcción moderna para cimentar los lazos internos al Estado, y quienes mejor inventan naciones son precisamente los mismos Estados, porque las naciones no son sino cortes políticos en continuidades sociales y culturales, como resultado de la capacidad para demarcar límites territoriales de carácter exclusivo. De ahí que nada haya más étnico en su lógica de funcionamiento que la ciudadanía territorial estatal, o llegado el caso la continental.
En la lectura gellneriana hay una cierta visión aristocrática de las naciones, de la etnicidad y de las identidades, que sostiene que la lotería de la vida y de la historia ha permitido que ciertos grupos hayan podido acceder al status de nación y obtener posteriormente un Estado y otros, en cambio, no puede sino aspirar, como mucho, al status de nación cultural, pero que les está vedado su acceso al grupo de naciones políticas. Introduzco el término nación porque si bien algunos grupos étnicos tan sólo adoptarán la forma de grupos étnicos y no pretenderán traspasar ese nivel siempre y cuando vean cumplidas sus aspiraciones con alguna forma de protección para sus diferencias culturales, otros en forma de comunidad étnica mediante la movilización política, normalmente en forma de nacionalismo, adoptarán la forma o se autoproclamarán como nación. LLegados a este punto, aplicarán el principio de las nacionalidades, según el cual a toda nación corresponde un Estado. La exigencia de Estado, más o menos angustiosa, será consecuencia a su vez de los términos doctrinarios en que se haya planteado el nacionalismo, de su viabilidad práctica y de la capacidad y voluntad que históricamente haya demostrado el Estado-nación en el que se inserta para satisfacer sus peticiones. Una vez de que tenemos las piezas del puzzle, los problemas surgen por la no congruencia arriba apuntada entre grupo étnico como base de la nación y el Estado, de forma que, a pesar del nacionalismo metodológico con el que se ha pensado la modernidad, lo normal es la existencia de Estados multinacionales o multiétnicos y asimismo no es nada infrecuente que una determinada etnia se reparta en varios estados. Toda etnicidad en tanto generadora de identidad genera diferenciación, dentro y fuera, porque la delimitación y la capacidad de mantener esta diferenciación es lo decisivo en este mecanismo socioantropológico. Lo étnico subsecuentemente es siempre un fenómeno más antropológico que político. No obstante, aquí comenzamos a encontrarnos nuevos fenómenos que complican lo que la ciencia afirma. Frente al individualismo metodológico y al ontológico, que sólo ve la realidad como compuesta por personas y no por abstracciones colectivas, hay que afirmar que la etnicidad, la formación de grupos, la formación de la identidad son hechos sociales en términos durkheimianos que no conllevan intrínsecamente perversidad ni majestuosidad alguna. Saco a colación el término perversidad, porque en los actuales parámetros de luchas simbólicas y teóricas la afirmación de las identidades colectivas desde un punto de vista realista supone ser tildado de ser enemigo de la libertad, por basarse más en la lógica grupal que en la centralidad debida al individuo. Se debate qué primar: los derechos de los ciudadanos o los derechos de las naciones . Muestra de ello, las enormes luchas simbólicas que desde mediados de los noventa hasta hoy recorre nuestro escenario social y político vasco. Así, si con la etnicidad estábamos instalados en el caos terminológico, con la visión del individuo moderno como ficción liberal entramos en un terreno minado. La moderna filosofía política ha teorizado y tomado como realidad el ser humano abstracto, de quien deriva toda legitimidad y a quien únicamente corresponden los derechos. Este proceso de abstracción, plantea según Ignatieff «la siguiente premisa mayor respecto de la identidad: somos, primero y ante todo, sujetos jurídicos; primero y ante todo, ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones, las diferencias son siempre de grado menor, y cuando suponen ventajas deben ser corregidas» . Ahora bien, como añade el mismo Ignatieff, este humanismo abstracto «puede coexistir tranquilamente con el aborrecimiento por los seres humanos concretos» . Pero no debemos olvidar, asimismo, que en el mercado teórico moderno se valoran más las acciones liberales que las colectivizantes, gracias a los distintos mecanismos institucionales en que se apoyan.
Entre estos mecanismos, el fundamental es el Estado-Nación, que:
Ante la agresión sufrida por una mujer en el Metro de Bilbao, SOS Racismo-Bizkaiko SOS Arrazakeria desea manifestar lo siguiente:
Cerillas electorales. Apaguemos los discursos electorales que encienden fuegos racistas.Capítulo 5. El miedo de Duran i Lleida (CIU) a que la población extranjera tiene más hijos e hijas que los autóctonos amenaza la catalanidad del territorio. El videojuego "inocente" del PP para eliminar personas inmigrantes indocumentadas y otras perlas. SOS Racisme
El derecho a una vivienda dignaAnte la muerte de dos jóvenes en Santurtzi, carta de Ainhoa Madariaga, integrante de SOS Racismo-Bizkaia
En las fronteras de Europa. CONTROLES, CONFINAMIENTOS, EXPULSIONES.Informe MIGREUROP 2009-2010
SOS Racismo de GipuzkoaQuiénes somos. Qué hacemos. Conócenos y échanos una mano contra el racismo. Memoria 2009
Ver, oir y leer Gipuzkoa Solidaria600 personas se dieron cita en el Kursaal donostiarra para celebrar el reconocimiento a las personas inmigrantes que forman parte de Gipuzkoa
Escucha el Informe Anual de SOS Racismo 2010Mikel Mazkiaran presentó el Informe Anual 2010 en Radio 3
REVISTA DE PRENSA DIARIASi quieres recibir nuestra Revista de Prensa todos los días de forma gratuita...
Suscripciones REVISTA MUGAK(trimestral)
Las mujeres inmigrantes están sometidas a una doble violencia, la ejercida por el maltratador y la discriminación a la que se ve abocada en la legislación, que prima su condición de inmigrante sobre la de víctima